Soñaba con sexo, eso fue lo
primero, aunque después todo se distorsionó, el sueño pasó de un agradable ambiente erótico con la mujer que deseaba a
una oscuridad absoluta, en cosa de segundos, en donde su visión daba vueltas rápidamente, sin ángulos de mira fija, como si el camarógrafo se hubiera vuelto loco, o producto de una larga noche de alcohol, no pudiera enfocar bien; en medio de una lúgubre ciudad, solo iluminada por
unas tenues luces rojas dándole un aspecto de ciudad cabaret. No había gente, la
cámara seguía dando vuelta en círculos, asimilando el vuelo de algún pájaro,
aunque a él no le gustaba mucho esa comparación; odiaba las plumas. Se extrañó
(en el sueño) de que no hubiera gente en aquella ciudad tan grande, pensó que algo extraño debía haber ocurrido, pensó en
las plagas del antiguo Egipto, pensó en volver a casa para marcar la puerta con
sangre y evitar cualquier posible acción de la plaga de sus sueños, nada de lo que pensaba lo llevó a la práctica, finalmente siguió dando vueltas por ahí, cada vez mas mareado y extrañado de la soledad; Edificios en
sombras, música que llegaba de ningún lado, risas que salían de bocas
inexistentes, pero nadie, absolutamente nadie en la ciudad. Lo aburrió, se
quiso retirar de aquel extraño sueño, regresar a la cama con sábanas de satín y esa hermosa mujer que sabía como satisfacerlo, pero no podía.Oscuridad, un vacío. Ahora caía rápidamente.
Veía pasar los muros del abismo a su lado, eran una masa oscura, la velocidad
era impresionante. De pronto sintió que el final del abismo se encontraba
cerca, caía de espaldas pero lo intuyó. El sonido del viento cambiaba. Giró su
cabeza, asustado, y vio el suelo acercarse a una velocidad espantosa. Sintió
miedo, lloró. Antes de estrellar su cuerpo contra el asfalto y reventar su
cabeza ensuciando toda la acera con sangre y pensamientos, despertó. Se levantó de golpe, sudando y con su cuerpo
agitado. Tembló. Miró el reloj de su velador, las 5:43 de la mañana. Todavía quedaban
algunas horas más para comenzar un nuevo día. Se levantó, bajó a la cocina,
buscó un vaso y se apresuró a llenarlo con agua fresca. Estaba fría, las
heladas de la mañana congelaban las cañerías. Al beberla sintió como el frío
del exterior se fundía con él. Su cuerpo tembló, pero se sintió bien. Intentó
recordar algo de los sueños que tuvo.Nada. Solo la caída. Siempre despertaba
con aquella caída. El sueño aquel lo sentían todos, no era algo nuevo para él. El subconsciente lo hacía para evitar seguir soñando o porque algo pasaba en el exterior. Lo
raro era que nunca podía recordar los sueños anteriores a eso. Buscó en el
comedor la cajetilla de cigarrillos de su hermana, le sacó uno y fumó. Intentó
pensar en otra cosa, pero lo mejor fue dejar de pensar. Sentir el humo recorrer
sus pulmones lo relajaba. Terminó de fumar y se fue a la cama. Se metió a ella
cuidando buscar el lado que no estuviera helado por el sudor, se cubrió lo
mejor que pudo y volvió a dormir. Ahí estaba de nuevo, la ciudad vacía, esta
vez era él mismo el que la recorría, caminaba por las calles mientras un viento
helado lo acompañaba, no había cigarrillos, ni risas, ni música. Solo una fuente
de luz, de color verde que extrañamente lo llamaba. Se las ingenió para
encontrar el camino más corto hacía aquel lugar. Llegó con curiosidad y vio un
árbol de tamaño considerable, lo rodeó y fue como pasar de un lugar a otro; Un
pantano se cernía frente a él, cubriendo todo a su alrededor. Le pareció
curioso. Un resplandor verde iluminaba todo, caminó entre la viscosidad propia
del pantano, observaba unos fuegos prendiendo en algunos lugares y escuchó el
graznar de los cuervos del lugar; Frente a él apareció una casa. Caminó hacia
ella, enfrentando el miedo con la curiosidad.Recordó al gato. Llamó a la puerta, nada. Forzó la
puerta, la abrió y la primera imagen que vio fue una mesa preparada para cenar, con la
comida y el vino servido, para cuatro personas. Miró el suelo y serpientes de
múltiples colores decoraban el lugar, reptando de un lugar a otro. Las sillas
estaban repletas de gusanos, moviéndose en una fervorosa orgía asexual.
Contempló el techo y los vio. Sus padres y su hermana estaban ahorcados desde
la viga más alta, sobre la lámpara de lagrimas. Sus cuerpos desnudos,
estaban blancos, seguramente por la pérdida de sangre. Sus ojos, hinchados,
casi se salían de su lugar. Tenían un dibujo en el pecho y el abdomen abierto
en vertical, derramando sus entrañas sobre el lugar. Las serpientes se
alimentaban de ellas. Una lágrima resbaló por su mejilla. Se sentó a la mesa y
comió. El vino era agradable, de los mejores que había probado hasta ese entonces. Levantó la copa para observar el color, era
rojo carmesí, muy similar a la sangre. Bebió nuevamente. Contempló por última
vez a sus padres y a su querida hermana y salió del lugar. Quiso salir de aquel
pantano. Cerró los ojos. Oscuridad. Caía. Despertó. Esta vez sin sobresaltos. No recordaba
nada; Se molestó con su subconsciente por no permitirle recordar. Eran las 6:54,
hora prudente para levantarse y no andar corriendo a última hora. Se duchó, y
mientras se vestía pensó en llamar a casa de sus padres. Cogió el teléfono,
marcó el número que sabía de memoria, y esperó. Nada. Marcaba pero nadie contestaba.
Pensó si sus padres habían salido a algún lugar, pero no recordaba ningún
aviso de ese tipo. Volvió a llamar. Nada. Desistió. Seguramente estarían
ocupados. Desayunó y al salir vio una nota de su hermana. "Salí, vuelvo
mañana. Te dejé cigarrillos en la mesa. Te Quiero". Sonrió y se fue a la
oficina.

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