domingo, 11 de agosto de 2013

Inevitable

El sudor resbalaba por su rostro; sentía el sabor salado entrando por su boca al respirar agitadamente; los músculos del cuerpo se tensaban cada vez más, llegando al borde del abismo entre el colapso y la derrota, pero sabía que aunque quisiera, no podía detenerse a descansar, su perseguidor no sufría cansancio, seguía siempre atrás de él sin bajar el ritmo de la persecución, obligándolo a no detener el frenesí de la persecución.

Recordaba una familia, pequeños niños jugando en el patio de un lugar y año perdido en la línea del tiempo, gente que parecía conocerlo, momentos compartiendo cervezas, cigarrillos, emociones, vagos resquicios de felicidad, o locura, ambas emociones de naturaleza similar, muy difícil de distinguir cuando el cansancio de una carrera al parecer infinita agobia tu mente y no deja enlazar nada correctamente. Ni siquiera sabe si algo de eso le pertenece, no puede ubicarse en aquellos recuerdos, vagamente piensa que podrían ser de él. Nada certero por ahora, solo seguir corriendo, es lo único que sabe con seguridad, correr para arrancar.

El sudor lo ahogaba y secaba sus entrañas al mismo tiempo, corría; pensaba por qué de un momento a otro se encontraba así, empezaba a cuestionarse unas cuentas cosas, intentaba encontrar una conexión lógica entre cada suceso que le acontecía…

Nada tenía una respuesta dentro de su lógica, solo sentía lo necesario para darse cuenta de que si paraba de correr, algo que no deseaba en ese momento sucedería. Sus sentidos respondían correctamente todavía, podía moverse bien, aquello le permitía correr; Podía ver el camino que debía seguir, era lúgubre pero agradable al momento de correr, como si estuviera preparado para persecuciones infinitas, una pequeña ayuda de una conciencia superior. Miraba hacia los lados, por si encontraba alguna fuente de agua, pero nada; Una densa neblina de aspecto tóxico cubría todo alrededor del camino, dejando en penumbra todo a su paso, excepto el camino trazado.

La situación inmediata estaba clara, solo debería correr, ahora sentía más profundamente la sensación que venía atrás de él, le dio miedo, y el miedo forzó nuevamente a su cuerpo a seguir corriendo. Sintió locura, miedo y tiempo, demasiado tiempo, se vio perdido en el infinito y la locura comenzó a llegar a su ser. Más que antes sintió ahora la necesidad de correr, no soportaba la idea de sentir aquella locura por tiempos eternos; La eternidad agobia el alma hasta del hombre más resistente. Él no era de esos tipos con agallas para aguantar.

No había como saber cuánto había pasado; Segundos, Minutos, Horas, Años, Eternidades. No podía calcular, se sintió perdido, mareado, ahora sentía un olor repugnante, a podredumbre tras de él, como si el tiempo se hubiera marchitado, como si la vida del mismo hubiera muerto y con efecto del tiempo, hubiera llegado hasta transformase en un hedor insoportable. Imaginaba larvas blancas comiendo la carne atemporal, ayudando a digerirla y acabarla para pasar a nuevas formas de vidas, se imaginó lo que saldría de una larva que se alimente de tiempo muerto, y no le gustó.

El corazón trabajaba como nunca antes él lo había sentido, la sangre fluía vertiginosamente por sus arterias renovando el aire de los agotados músculos, cada vez más propensos a fallar, casi ahogados con el hedor de la podredumbre, débiles, pero como todo en la vida, nada resiste. De a poco la marcha comenzó a bajar, la eternidad es un largo camino, quiebra su temple, dobla sus piernas, el cuerpo y el alma se rinde ante tan sublime y eficaz verdugo.

A lo mejor si tuvo una familia, hijos, amigos con los cuales compartió emociones y cervezas, a lo mejor amó o se volvió loco. En la hora de la verdad, nada pudo concluir. Todo eso acaba en pocos segundos y deja de importar realmente cuando la locura y el tiempo llegan por él.
        
           El destino de su vida estaba predestinado por aquellas tres mujeres que desde las alturas controlan los hilos de la humanidad, aunque las Moiras se divirtieron viéndolo correr y tratar de encontrar una respuesta lógica a lo que le sucedía, sin poder comprender que toda respuesta está más allá de la simple comprensión humana. Cuando las diosas quieren cortar tu hilo, solo queda correr a pesar de que el resultado sea inevitable. Uno siempre se aferra a la vida, sea como sea, siempre tiene esperanzas, siempre cree que en algún momento puede despertar de la pesadilla eterna o encontrar la luz al final del túnel y junto a ella una salida. Nada de eso ocurre. De la locura y el tiempo, nadie escapa.
        
Autor: Miguel Vidal
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Inevitable por Miguel Vidal Ojeda se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 3.0 Unported.
Basada en una obra en http://fervoryblasfemia.blogspot.com/.

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